obra

 

el naturalista y lo habitado / the naturalist and the ihabited

 

 

 

 

> el naturalista y lo habitado: trazas, huellas y el artificio del artista (2008)

 

A partir de su estancia en la pequeña población sueca de Hällefors es cuando Juan del Junco reafirma su interés por el método y la representación científica. Rodeado de un entorno natural privilegiado, la reflexión sobre el medio y su contemplación le llevan a adentrarse con interés en los procedimientos taxonómicos. De hecho, una de las ideas que apuntala el proyecto El naturalista y lo habitado: trazas, huellas y el artificio del artista nace precisamente en este pueblo escandinavo. En su caminata habitual desde la residencia donde vivía hasta el supermercado, pasaba un solar cruzado por las vías del tren y salpicado de objetos que la gente tiraba a la hierba. Esa visión diaria le recordaba de manera recurrente la secuencia inicial de Terciopelo Azul (David Lynch, 1986), justo cuando el joven protagonista encuentra una oreja humana en el descampado que atraviesa al volver del hospital. En la escena posterior, la policía decide rastrear la zona colocando unos carriles con cuerdas que delimitan y dividen la parcela en busca de pistas que aclaren el misterio. Si enlazamos esta experiencia sobre el terreno con la imagen de la película, y además le damos forma conociendo la trascendencia que tiene la memoria personal en la trayectoria del artista como facultad moduladora de su personalidad creativa, logramos comprender el punto de partida que le llevó a un método de averiguación de idéntica metodología que parte de una idea sencilla inspirada en este cruce de circunstancias: buscar evidencias en el paisaje que sirvieran para construir historias imaginarias de aspecto verosímil, sustentadas en indicios reales. También es importante reseñar en esta serie la relevancia de un libro que le regalaron sus padres de pequeño, La Guía del Naturalista de Gerald Durrell. En él se presentaban en páginas dobles infinidad de detalles encontrados en diferentes hábitats silvestres. De niño, estos mapas de huellas alentaron su fantasía y le permitieron crear relatos utópicos de lugares alejados que no conocía. Era sencillo y emocionante, sólo debía deducir el origen de las pistas para montar una situación idealizada con los restos de animales, plantas y rocas que iba descubriendo.

 

Llevado a cabo en 2008 gracias a la concesión de una beca de fotografía Cajasol, del Junco concibe este proyecto como una investigación científica, inscrita en el marco de las ciencias naturales, que sigue un riguroso proceso de actuación dividido en varias fases. El procedimiento es siempre el mismo en cada una de las localizaciones. Es lineal y va de lo informativo a lo imaginativo, del rescate de la realidad a la quimera en la mente del artista. Primero elige un lugar (La Corchuela, Antequera, Los Montes de Málaga, El Chorro, Pinares de La Puebla, Pinar de La Algaida) o selecciona un sitio en función de una especie botánica (un descampado bajo el puente Quinto Centenario). Ese espacio lo muestra en una fotografía que acompaña con una explicación muy descriptiva. Prosigue seleccionando una pequeña porción de terreno que fracciona en cuadrículas, para a continuación peinar con paciencia la superficie identificando en cada una de ellas objetos dejados por el ser humano. Una vez escogido un elemento de interés, lo fotografía al mismo tiempo que toma imágenes cenitales de la casilla donde se localiza. A partir de esa pieza significante y elucubrando como si se tratase de una trama semiótica sin inicio ni final, el artista inventa una historia en la que aparece el objeto encontrado. La estrategia de Juan en este trabajo transita desde la fotografía directa del área seleccionada y el objeto, hacia la fotografía simulada que debe ser construida. Es decir, se desplaza desde la objetividad científica, medible y controlable, hacia la narración subjetiva y la fabulación.

 

El principio desencadenante de las parábolas que se crean es azaroso e indefinido, por tanto no tiene ninguna lógica. Nace de una búsqueda casual en un espacio campestre que es usado por el hombre como lugar de recreo. Esa falla artificial e insalvable que se establece entre las personas y la Naturaleza en estos puntos de ocio, determina una relación artificial que acaba deformando la esencia de estos parajes y produciendo un cúmulo extenso de desechos como resultado de esa confluencia imposible entre lo urbano y lo rural. El envase usado de un condón, el brazo de un muñeco de juguete, un globo pinchado, una colilla, un cartucho, una cuerda o un jaramago actúan como vestigios que nos llevan hacia un sujeto anónimo y un capítulo ignorado que debemos hilar a través de un contexto, unos personajes y los pequeños detalles que los vinculan. Cada espectador debe elaborar así un simulacro personal a partir de suposiciones que relaciona con su experiencia, descodificando los símbolos que aparecen en las imágenes y creando su propia narración con los elementos dispersos que le facilita el artista. El proceso seguido durante las subsiguientes etapas que componen estas obras es metódico e inequívoco; formalmente tan severo como puede serlo cualquier práctica investigadora.

 

Articulando en un mismo conjunto atributos de varios momentos diferentes de su trayectoria, esta serie se sitúa en un punto intermedio entre las precedentes y las ulteriores, reuniendo en una misma coyuntura la observación del medio natural y de los comportamientos humanos. El naturalista y lo habitado supone un punto de inflexión entre la puesta en escena de Haciéndome el sueco y el carácter clasificador de El sueño del ornitólogo, pasando por medio de esta transición de lo imaginado a lo real en un curso lógico y gradual. Reflexiona Alberto Martín: “el proyectose fundamenta sobre un continuo trabajo de descontextualización de las herramientas y los símbolos de la ciencia hasta llegar a mezclar y confundir la autonomía de la obra artística con los elementos del discurso científico. Si el trabajo de campo está asociado a la búsqueda de la verdad, al establecimiento de evidencias, esa búsqueda aquí ha sido reformulada y reconstruida de un modo irónico y perturbador. Además de un trasvase de método, hay un trasvase estético a través de la reapropiación de las estrategias visuales de presentación de los resultados científicos que son reencuadradas en el ámbito específico de la experiencia y la práctica del artista. Se reutilizan así los hábitos y las señales convencionales del procedimiento científico para construir nuevos relatos e historias sobre la naturaleza, el paisaje y lo social.”

 

Sema D'Acosta - 2010